En la confrontación cotidiana con nosotros mismos, surgen diversas posturas encontradas. Constantemente evaluamos distintos escenarios dentro de un espectro posible, el cual adquiere su relieve de acuerdo a nuestros intereses, y a las disposiciones físicas y anímicas que presentamos en ese momento. Es así que no siempre guardamos coherencia en nuestro pensar y actuar. Más o menos ordenada, más o menos caótica, nuestra mente inquieta es un almácigo de emociones y pensamientos que se conectan y desconectan, que se corporizan o transforman en acto (voluntario e involuntario), y que a veces nos interpelan desde más allá del umbral de nuestra conciencia. Dentro de este panorama, es posible que no nos veamos reflejados en lo que somos, y que necesitemos cambiar para resolver, en una síntesis dialéctica, las contrariedades que nos acechan. En este sentido, soy partidario de afirmar que la contradicción es parte del ser humano. El cambio contradictorio es lo que nos permite evoluci...