Ir al contenido principal

Sigue a Zanamentes y recibe en forma gratuita todas las novedades en tu correo electrónico

Lic. Agustín Sartuqui

No hay mal que por bien no venga

como superar las crisis de angustia con resiliencia


En nuestro infinito mundo interior, suele generarse un debate sobre qué es lo que tenemos que hacer para ser mejores personas, pensando y obrando como creemos que es debido hacerlo. No obstante, si bien hacemos todos los “deberes”, aun así no sentimos la satisfacción de estar aportando algo genuino a los demás. Frente a los reiterados “fracasos”, nos preguntamos en qué estamos fallando para corregirnos y redoblar nuestros esfuerzos.


Es así que esperamos una recompensa, fabricando un prototipo de persona moralmente “buena” que nos permita expiar nuestra culpa por las acciones del pasado. Esta mirada utilitaria, nos desvía de aquello que nos permite cambiar las cosas de raíz, para ser y estar afirmados en nuestra esencia.

La verdadera pregunta, el quid de la cuestión, reposa en plantearnos qué es lo que podemos aportar para generar una reestructuración de nuestra realidad de un modo auténtico, haciendo caso a lo que nos convoca, nos apasiona, y nos motiva a dar lo que somos y lo que tenemos.

Puede ser que los valores convencionales nos obliguen a sobreadaptarnos a un camino trazado en línea recta, el cual seguimos por convencionalismos, mandatos ajenos, o por comodidad, y no por convicción propia. 

Caminamos sin saber por qué ni para qué. Pero los senderos no siempre son lineales. En ocasiones, son caminos sinuosos a explorar; carreteras con sus avances y retrocesos. Esto que suena fácil decirlo, no es tan sencillo hacerlo, ya que puede escandalizar a nuestro entorno que, apegado a las buenas costumbres, nos hace sentir el yugo de la censura.

Sin embargo, somos nosotros quienes tenemos la última palabra frente al determinismo discursivo que nos circunda y nos atraviesa. Esa palabra que traspasa la censura de la represión para expresarse en un fin más elevado vinculado a nuestro deseo. Entonces, ahí diremos a viva voz: “no hay mal que por bien no venga”.

En el pozo podemos caernos o encontrar en lo profundo algo que sacie nuestra sed existencial. No es el pozo, somos nosotros y nuestra manera de mirar las cosas.

Más allá del bien y del mal, está nuestra decisión de ser auténticos. Y en esos valores que coartan nuestra autenticidad, podemos mostrar la mejor versión de nosotros: la obra de arte que somos.

En fin, valorar-nos más allá de los valores que limitan nuestro potencial para cotizarnos como invaluables. No tenemos que mostrar nada cosificado en la vidriera; simplemente tenemos que ser y estar cara a cara con lo que nos da vida.

Los saluda,

Lic. Agustín Sartuqui

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una morada de lenguaje que nos aloje

  Los “errores” son un trago difícil de digerir. Nos ubican en una sensación de vulnerabilidad que contrasta con lo que reflejamos en el espejo de los ideales; esa identidad que construimos basándonos en interpretaciones de las vivencias que nos atraviesan. Sabemos muy bien que no es fácil reponerse cuando lo real hiere nuestra fibra más sensible, aquella alrededor de la cual erigimos una coraza para permitirnos vivir la cotidianeidad con cierta estabilidad emocional. ¿Nos preguntamos si aquello que se derrumba es de algún modo algo que tenía que caer? ¿Una oportunidad para reconstruirnos de una forma más auténtica en acuerdo con nuestro deseo? La tentación de escapar a esta pregunta y refugiarnos en lo conocido es muy fuerte. Es así que, como un acto reflejo, nos urge la necesidad de revestirnos con aquello que nos da seguridad. Si miramos las “derrotas” como una oportunidad, existen muchas variables que se prestan a un replanteo radical. En primer lugar, podemos evaluar si qu...

Decisiones arriesgadas

Llegan esas instancias en las cuales sentimos que, por fuera, nos está yendo “muy bien”. Sin embargo, en nuestro fuero interno cargamos con esa sensación de no estar cómodos con lo que hacemos. Nos vemos reflejados desde una perspectiva que nos deja en la posición de “prestados”, haciendo por inercia lo que nos piden y sin proyectos que alimenten nuestros anhelos más profundos. Es en ese preciso instante que nos vemos en la necesidad de conquistar un lugar desde el cual podamos aportar algo de nuestro talento en aquello que nos rodea. “¿Estás seguro/a?”, “No desperdicies esta oportunidad”, “pensalo bien porque te vas a arrepentir”, “¿por qué te vas si estás cómodo/a?”. Éstas y otras frases forman parte de un conglomerado de palabras que suelen salir de quienes nos imponen sus propias limitaciones. Tomar decisiones arriesgadas, nos da la libertad y la iniciativa para elegir frente a las circunstancias del azar. Por supuesto, es un acto que tiene sus consecuencias; asumirlas, es parte de...

Las verdades que damos por ciertas

Si supiésemos qué es todo aquello que nos moviliza a transitar nuestra existencia desde la fluidez, ¿seríamos más plenos? Si tomásemos conocimiento del dial que nos mantiene en la frecuencia del disfrute y nos conecta con los umbrales imperceptibles de nuestro ser, ¿estaríamos en mejores condiciones para afrontar las vicisitudes de la vida? En definitiva, ¿alcanza con saber para desplegar en forma artera nuestro potencial? Veamos. Si decimos que el saber se define como todo aquello que es articulado con el recurso de la palabra, un desenlace derivado del “músculo de la razón”, estaríamos siendo injustos con nuestra vasta capacidad de enarbolar una certeza que trascienda los límites de lo discursivo; donde las palabras se detienen y comienza una nueva experiencia.  En la tolerancia de nuestro no-saber, podemos desandar el camino de las explicaciones habladas y toparnos con el abismo que se nos abre en la esfera de la intuición. Es un tipo de saber inefable que mana de las profundida...